LA VIE EN BUCLE

Me enamoré por primera vez con el casete de Bruce Springteen que me regaló Mercedes, mi vecina del segundo. Podía tirarme horas y horas escuchando en bucle “Glory Days”. Siempre rebobinaba un poco más la cinta para escuchar la dedicatoria que ella, con su voz poderosa y melosa a partes iguales, había grabado antes de la canción.

Suyos fueron mis primeros intentos de besos. Suyos fueron, también, mis primeros intentos de versos. Escribir era mi forma de defenderme de la ingravidez que atacaba mi estómago al pensar en ella. Otra forma era hacer deporte para desfogarme. Y fue así como por aquella época me aficioné a correr. Modestia aparte, no se me daba mal, como mostraba una casa familiar llena de trofeos que mi madre mostraba orgullosa a todo aquel que atravesaba el umbral de la puerta.

Estaba apuntado a un club de atletismo y me encantaba compartir carreras con mis compañeros. A veces me tocaba entrenar solo, y entonces echaba mano de un walkman, siempre al ritmo de las canciones de “The Boss”. Otros eran más de la banda sonora de “Rocky” y, sí, reconozco que era más apropiada para subir escaleras, pero a mí lo que más me gustaba era correr por el monte. Cuando abandonaba el asfalto, apagaba la música. El sonido al pisar las hojas caídas en otoño, el cese del ruido de las chicharras al sentirte cerca o el diálogo con el barro tras unas horas de lluvia…quien lo probó, lo sabe.

Si preguntas a la gente por un recuerdo relacionado con el deporte, muchos te hablarán del mundial de Sudáfrica, de alguna final de Champions, de Indurain, de Carolina Marín…Yo tenía 16 años el 8 de agosto de 1992, cuando Fermín Cacho alcanzó la gloria en los juegos olímpicos de Barcelona. No hay día que no recuerde su pletórica recta final.

Así es que el deporte siempre ha estado muy presente en mi vida. Pero no, no se tienen veinte años toda la vida.

Y poco a poco, lejos de aquellos días de vino y rosas, tras superar duras lesiones, sonoras rupturas sentimentales y varias quiebras personales y económicas, ha llegado este desubicado 2021.

Mi médico de cabecera me ha recomendado que no me vuelva a enamorar y que evite el alcohol. Me sugiere que lea más a Paulo Coelho y menos a Lorca y que escuche a Ludovico Einaudi mientras camino a intensidad moderada.

La vida es demasiado corta para malos vinos, me digo a mí mismo, mientras recibo un mensaje en el móvil con un link que me invita a escuchar “Glory Days”, a la vez que me recuerda que ponga a oxigenar una botella de ribera de Duero. Minutos después suena el telefonillo y salto del sofá, donde trataba de hilvanar algunas rimas. Esta va a ser una noche sin luna, y me espera una carrera al atardecer por las huertas cercanas con mi vecina de arriba. Se llama Mercedes.

#SueñosdeGloria

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