Sacrificio sin esperar gloria

Estimados todos;

Mi nombre es Isabel. Quién me iba a decir a mí que de haber podido viajar en el tiempo vería ahora mi nombre en los telediarios.

Se habla de apertura con prisas. En mi caso, entre la concepción del proyecto y su puesta en marcha solo transcurrieron ocho meses, un récord para la época. Cuando hay vidas en juego, cada segundo cuenta.

Dicen las malas lenguas que ha habido adjudicaciones a dedo. ¿Sabéis cómo elegimos a nuestros compañeros de viaje? No hubo otro remedio que juntar a 22 huérfanos. Ningunos padres apuntaron a sus hijos de voluntarios a la expedición.

El hospital Isabel Zendal ha abierto sus puertas entre las discusiones de los que os gobiernan. Pero que sepáis que allí dentro sólo hay trabajadores que intentan haceros la vida un poco más fácil.

He sabido también que el Ministerio de Defensa sacó a los militares a las calles de España en la Operación Balmis, en homenaje al médico militar Francisco Javier Balmis, mi compañero de viaje en 1803 en la vacunación masiva en América Latina y Filipinas.

Por cierto, el lema de la escuela de enfermería de Puebla (México) dónde terminé mis días es “Sacrificio sin esperar gloria”.

Suerte. Y mucho ánimo.

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