Desde mi ventana

Siento un cosquilleo en forma de ingravidez en el estómago. Esta vez parece que las mariposas hubieran tenido una pesada digestión y les costara levantar el vuelo. Para relajarme me acerco a la ventana, y a través del cristal queda visible una preciosa paleta de colores. Sonrío.

Miro el reloj. En escasos veinte minutos se va a producir un hecho histórico, y pienso en todos los años de intenso trabajo para llegar hasta aquí. Me acuerdo de aquellos que me han ayudado en el camino. Más que nadie tú, mamá. Te fuiste demasiado pronto, pero sé que estarás orgullosa de mí. Sincronizada con mis pensamientos, una lágrima trata en vano de surfear mi mejilla.

Vuelvo a chequear todo, y tengo una total confianza en que no habrá ningún problema, aunque de vez en cuando vuelvan aparecer los demonios de la inseguridad. Pero esta vez no tienen fundamento alguno. Trato de mantener la cabeza ocupada, y ahora no logro quitarme de la cabeza a Bela, la galga que adoptamos hace unos meses. Cuando salí de casa llevaba unos días mala y por las imágenes he visto que aún sigue un poco apagada. A mi vuelta tendrá un empacho de achuchones, como todos.

Bueno, llega el momento largamente esperado. Tras unas durísimas pruebas conseguí romper un tabú a favor del feminismo. Sí, soy mujer. Y tengo el privilegio de ser el primer ser humano que va a pisar Marte.

#HistoriasdePioneras

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