En pocas palabras

Su mote era “La parca”, un sutil juego de palabras con la muerte y una persona poco dada a hablar. Y, sí, fue obra mía. De hecho, creo que muchos de mis compañeros de clase no recuerdan su verdadero nombre.

Estudié en un colegio de curas y ella fue una de las primeras profesoras que llegaron al mismo. Por aquel entonces, las clases eran un erial de emociones, sin importar mucho el curso en el que estuvieras. A primera hora te aprendías todos los afluentes del Tajo y en la siguiente clase la tabla periódica perfectamente ordenada por filas y columnas. Eso por no hablar de los verbos irregulares en inglés. Pero sus clases de Filosofía eran un verdadero oasis.

El primer día, nada más entrar, escribió en la pizarra: “Prima non datur et ultima dispensatur”. Algún gracioso le recordó que teníamos clase de filosofía, no de latín. Y ella tradujo, “La primera no se da y la última se dispensa”. Con la puerta en la mano dijo que no iba a dar la primera clase y nos adelantó que durante ese año iba a intentar transmitirnos una serie de principios que pudieran ayudarnos en la vida. Añadió que en la siguiente sesión hablaríamos de los filósofos griegos y sus teorías de la separación de alma y cuerpo en el momento de la muerte. Y se fue.

Se hizo un silencio espeso. En dos segundos, ese cóctel de hormonas y espinillas que llenaba el aula empezó a murmurar. “¡La parca!”, grité. “La llamaremos así”. Y todos asintieron.

Pero nada más lejos de la realidad. En su segunda clase no abrió el libro de texto. Aplicó la mayéutica de Sócrates y empezó a sonsacar todo el conocimiento de nuestro interior.

Otro día, para hablarnos de Platón y su caverna nos hizo preparar una representación de sombras chinescas. Posteriormente nos dejó boquiabiertos mientras nos hablaba de Aristóteles y su idea de la virtud, “mesotés”, ese término medio entre dos extremos.

Nos enseñó a dudar de todo y a no dar nada por sentado, y al llegar la selectividad nos cayó Descartes y la duda metódica. Todos sonreímos. Yo el que más, con mi 9,75 de nota.

Pero todo llega a un final y el curso se acabó. La última clase fue un recuerdo de esos que perdurarán hasta el final de mis días. Nos regaló a todos un ejemplar de “La búsqueda de la felicidad” de Bertrand Russell. Y nos animó a dejar un cuaderno cerca de la cama y a escribir en él todos los días, antes de acostarnos, algunos de esos momentos que nos hicieran sentir que la vida merecía la pena. El “aquí y ahora” que ella había repetido tantas veces a lo largo del año.

Con lágrimas en los ojos llegué a casa y empecé a devorar el libro. Ya en la primera página leí que al autor a los cinco años se le ocurrió pensar que, si vivía hasta los setenta, hasta entonces solo había soportado una catorceava parte de su vida. Yo tenía diecisiete y era más optimista, así es que pensé que había vivido una quinta parte de mi vida y que me quedaba todavía mucho por hacer.

Por si no ha quedado claro, yo estaba “platónicamente” enamorado de ella. Y media clase también. Ese año en Lengua leímos “Señora de rojo sobre fondo gris” de Miguel Delibes y todos suspiramos con aquello de “una mujer que con su sola presencia aligeraba la pesadumbre de vivir”. Las pesadumbres de la adolescencia o el acné iban en el mismo saco.

¿Y qué pasó después? Acabé el colegio, busqué una carrera que no me dificultara mucho el encontrar trabajo y tras varios tumbos empecé a devengar trienios. La vida fue resbalando poco a poco, con sus sinsabores y alegrías. De estas últimas siempre he llevado una contabilidad diaria. Al principio en cuadernos tamaño cuartilla y ahora en una aplicación del móvil.

En un grupo que tenemos los compañeros del colegio colgaron hace tiempo noticias de ella. La habían localizado en Los Silos, una pequeña población de Tenerife. Trabajaba en una modesta zapatería e impartía un taller de literatura y microrrelatos titulado “En pocas palabras”.

En la última mudanza dejé en la misma caja el libro de Bertrand Russell y varias decenas de cuadernos. Busqué el más antiguo y en la primera página aparecía ella.

Se llamaba, y se llama, Noelia.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s