EL dedo tembloroso

Querido Javier;

No he leído ni uno solo de tus libros por lo que entendería que esta carta fuera directa a la papelera.

Pero antes de tomar una decisión, déjame decirte que devoraba con fruición tus artículos dominicales. Siempre me sorprendió esa inteligencia para hablar de Madrid, aunque en ocasiones no entendiera que prodigaras un madridismo tantas veces acérrimo o que te enfangaras en política, pero también es digno de admirar aquel que va a lo suyo sin importarle levantar ampollas.

¿Sabes una cosa? A raíz de tu fallecimiento he profundizado en tu obra y tengo que decirte que he conseguido ya varios de tus libros y los he apilado en forma de trinchera. En cuanto pueda, me parapetaré detrás a leerlos, pues seguro que me engancharán tanto que tendré que hacerlo de manera compulsiva.

He leído entrevistas tuyas en las que afirmabas que cada vez que empiezas una nueva novela te asaltan las dudas y las inseguridades. Yo, que a duras penas junto dos o tres horas semanales para escribir, no he podido evitar una sonrisa.

He hojeado parte de tu obra. En “Así empieza lo malo” te encontré afirmando que a la vida de las personas siempre llegamos tarde. Brutal. Leí un tramo atrás y otro adelante, intentando ubicar el contexto. Da igual, que cada uno lo interprete a su manera. Tengo claro que llego tarde a tu vida y por descontado a tu obra, y que haber leído tus libros me hubiera permitido sacar más jugo a tus textos semanales.

Pero el éxtasis llegó al caer en mis manos el tercer tomo de “Tu rostro mañana” y toparme con tu magistral descripción del funcionamiento de la nostalgia y la memoria. Citas sin nombrar a tu querido Juan Benet, con aquello de que la memoria es un dedo tembloroso. Y añades, de tu cosecha, que no siempre atina a señalarnos. Después desgranas con precisión cirujana el proceso de olvido de las personas que un día amamos. ¿Cómo separar ese aroma a pasado de la memoria afectiva que nos persigue a los melancólicos? Espero aprenderlo detrás de la trinchera.

Que la tierra te sea leve, Javier. Y que Dios salve al rey de Redonda.

#JavierMarías

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