La tregua

Habían dinamitado todos los puentes y quemado sus naves. Sólo quedaba la inevitable guerra de guerrillas. Los civiles armados se parapetaban en los múltiples escondrijos que Kiev ofrecía a sus habitantes.

Tras la última emboscada lograron que los rusos se dispersaran. Uno de ellos, Sergei, estaba malherido y se refugió dentro de aquella tienda que días antes sus compatriotas habían saqueado.

No se dio cuenta, pero detrás de él Andriy vigilaba sus pasos. Sergey cojeaba, y no vio venir el puñetazo que le tumbó.

Despertó horas más tarde, en la misma tienda, cubierto de mantas y bajo la luz tenue de una linterna y la atenta mirada de su agresor.

Ninguno hablaba el idioma del otro, pero las raíces eslavas hicieron que lograran entenderse. Andriy le ayudó a curar sus heridas.

Amaneció temprano el día siguiente. Sonrieron al comprobar que ambos tenían los mismos ojos azules.

Soltaron sus manos, en una imagen más de lo absurdo de esta guerra que pide paz.

Y entonces se despidieron, no sin antes desearse suerte.

#VocesdeUcrania

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