Júbilo

Por la jubilación de Don Manuel, el primer y único profesor de informática del colegio, el director habilitó un formulario electrónico al que sólo él tenía acceso. Todos los alumnos, profesores y demás trabajadores del centro podían enviar, de forma anónima, frases y anécdotas que se proyectarían en la pantalla gigante del salón de actos, mientras se le hacía entrega del tradicional reloj con sus iniciales grabadas.

En anteriores ocasiones, había sido un evento muy emotivo, en el que se alternaban abrazos, besos, sonrisas y lágrimas, mientras se recordaban las anécdotas de toda una vida dedicada a la docencia.

Pero, para qué mentir, Don Manuel no era ni de lejos un profesor querido, y tenía una relación fría con el resto de compañeros del claustro. Algunas viejas rencillas se habían ido enquistando y con muchos de ellos ni se hablaba. Por otro lado, hacía muchos años que le costaba conectar mínimamente con sus alumnos.

Así, al escribir las claves del acceso al buzón creado, los mensajes que pudo leer eran de todo menos amables. Algunos ejemplos:

-Un hombre mal vestido que apesta a soledad y perfume barato.

-Un pésimo compañero que jamás hizo un favor a nadie. Aún recuerdo cuando le pedí que se quedara cuidando mi clase para que yo pudiera acercarme al hospital a ver a mi madre, gravemente enferma. “Yo no hago los turnos”, contestó.

-Una persona muy desagradable incapaz de invertir un euro en mejorar su imagen.

-Sus clases son muy útiles…si te teletransportas a 1990 y al Spectrum.

-Todo lo que sé de informática lo he aprendido fuera del aula.

-Nunca sabes si mira a los alumnos con desprecio, asco o lascivia.

-No he visto a nadie más cerdo en un comedor. Y llevo treinta años en hostelería.

Todos los mensajes iban en esa línea, aunque se le dibujó lo más parecido a una sonrisa al leer lo siguiente:

-El peor profesor más de un libro ha leído.

Borró todas las entradas, salvo esta última, e introdujo algunas fotos para dar vidilla al evento que comenzaría en escasos diez minutos.

“A padre le vas a enseñar a hacer hijos”, masculló Don Manuel mientras se dirigía triunfante al salón de actos. Sólo imaginar la cara que pondrían todos al ver algunas de las fotos comprometedoras que había hackeado de sus ordenadores y móviles, ya le provocaba un tremendo júbilo.

#MaestrosInolvidables

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