AL BORDE DEL PRECIPICIO

“El amor es una bellísima flor, pero hay que tener el coraje de ir a buscarla al borde de un precipicio”. Esa célebre cita de Stendhal es toda una declaración de intenciones, además de tu  estado en las redes sociales. Te encantaba contar la historia de este escritor francés y lo que le pasó en un viaje a Florencia. Tras visitar todos los frescos, cúpulas y estatuas que encontró en su caminar, se empezó a encontrar mal y tuvo que acudir al médico. Le diagnosticaron una sobredosis de belleza, preciosa dolencia.

Y así, la búsqueda de la belleza en todas sus formas posibles se convirtió en el motor de tu existencia y te esforzabas en tocarla o, al menos, arañarla todos los días, además de difundirlo en tus stories de Instagram. Aunque, paradojas de la vida, no conocías Florencia. Yo te lo reprochaba y tú me respondías que no hacía falta ser tan cuadriculado y exigente con uno mismo, que las cosas sucedían cuando tenían que suceder y no antes ni después.

Recuerdo, hace escasos días, una enganchada que tuvimos a propósito de la gestión de la pandemia en España por parte de las distintas administraciones una vez terminado el estado de alarma. Quizás fui muy radical en mis planteamientos, contestando a tus publicaciones en todas tus redes sociales y puntualizando gran parte de las opiniones que habías vertido en tu blog.

Y como sé que te enfadaste, en este extraño verano que muchos olvidarán en sus biografías, yo quería marcarlo a fuego en las nuestras. Con las noticias diarias sobre los rebrotes era complicado planificar a largo plazo, pero me la jugué alquilando a precio de oro una autocaravana para Agosto que nos permitiera dormir alejados de las ciudades y no depender de hoteles o campings.

Con tiralíneas tracé la trayectoria. Haríamos un homenaje a Ruiz Zafón en Barcelona, pasearíamos por los majestuosos bulevares y señoriales edificios de Montpellier, comeríamos pescado en el puerto viejo de Marsella, recorreríamos el paseo de La Croisette en Cannes, imitando a las estrellas de cine. Después, postearíamos desde el paseo de los ingleses y el museo Matisse en Niza, para acabar compartiendo el glamour de Mónaco. Nada más cruzar a Italia, caminaríamos hasta el faro de Génova, y nos haríamos fotos sujetando la torre de Pisa para subirla a las redes. Y ya en Florencia, por fin, nos emborracharíamos.  Il Duomo, Ponte Vecchio, la Galería de los Uffizi…barra libre de belleza.

Acabo de enviarte todos los enlaces y las fechas. Para mi sorpresa, he descubierto que me has bloqueado en todas las redes sociales.

Me quiero morir. Eso sí, que en mi certificado de defunción figure que fue por el síndrome de Stendhal.

#Historiasdeviajes

 

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