Terapias

-A ver, Noelia, explícame otra vez eso de las fases que no me queda claro.

-Lo sé, no es sencillo. Por lo que han dicho en la tele, en función de la evolución del número de contagios, poco a poco se irán permitiendo nuevas actividades. Irá abriendo el pequeño comercio, los bares, museos…

Guillermo se ajusta el audífono mientras escucha atento las palabras de su terapeuta, que hoy parece traer consigo un poso de tristeza.

Se conocen desde hace poco más de un año, el tiempo que ella lleva trabajando en el centro de mayores. Congeniaron desde el principio, y han compartido muchas horas de charla sobre todo tipo de temas. A nivel personal, ella se ha abierto mucho con él, hasta el punto de pedirle algún consejo, como si de un padre se tratara, a la hora de afrontar algunos problemas de pareja.

-¿Y en qué momento podremos salir de nuevo al patio todos los residentes juntos? ¿Y las visitas, para cuándo?

-Bueno, también se irá viendo. Poco a poco.

-¿Y mi test ya por fin dio positivo?

-No digas eso. Ha dado negativo, lo que celebramos todos los residentes y trabajadores del centro.

Guillermo no parece estar tan convencido. Fuerte como un roble tras tantos años de trabajo en el campo, sueña con un positivo asintomático que le permita acercarse a Adela, su amorcete, como le gusta decir a él.

-Vale. Toma esta nota para Adela. Terminantemente prohibido leerla. ¿Cómo está hoy?

-Tiene sus días. Este bicho es complicado y te bajan mucho las defensas. Seguro que se alegra mucho de leer tu poema.

En ese preciso momento, él arquea las cejas, a la vez que Noelia se pone colorada al darse cuenta del error cometido. Una cosa es sortear el código deontólogico como personal sociosanitario, y otra una mentira piadosa que se evapora al doblar el pasillo a cambio de arrancar una sonrisa.

Guillermo y Adela, octogenarios y viudos ambos, se hicieron “novios” en el centro de mayores nada más conocerse. Fue un amor a primera vista. Él se jactaba de que pese a no oír bien, a buen ojo no le ganaba nadie. Era un escritor frustrado, y había encontrado en Adela a la musa perfecta. Ella era un ciclón de mujer a quien la edad no había arrebatado un ápice de su sentido del humor ni de su saber estar. Es indescifrable, decía él. Es tan tierno, replicaba ella.

Cuando Adela empezó con los síntomas, a finales de Marzo, le aplicaron el protocolo de aislamiento en el centro. Con la complicidad de algún trabajador, él se las arreglaba para hacerle llegar una nota todos los días. Ella le contestaba como buenamente podía, dictando algunas palabras que, siguiendo con todas las medidas de seguridad necesarias, le llegaban de vuelta a Guillermo. Pero Adela empeoró y tuvo que ingresar en el hospital.

Desde ese momento, y para no preocupar a Guillermo, Noelia contestaba sus notas, haciéndole creer que eran dictadas por su musa.

Guillermo sabía que Noelia no estaba pisando la zona de la residencia en la que debía encontrarse Adela. Era imposible por la segregación que se había hecho en el centro y que se había explicado hasta la saciedad a los familiares que llamaban varias veces al día preguntando. También los textos que recibía carecían de la alegría que caracterizaba a todo lo que llevaba el sello de su amorcete.

Pero Guillermo callaba. A pesar de que ella se había puesto en evidencia al decir que era un poema, él también sabía que leer y contestar estos mensajes era en sí mismo una terapia para Noelia.

 

#NuestrosMayores

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s