SÉ VERLE DEL REVÉS

Es domingo y acaba de amanecer. No hemos parado de trabajar en toda la noche. Han sido seis cesáreas, ni una más ni una menos, plusmarca de los diez últimos años. Cansado, llego a casa.

Luisa, mi mujer, me saluda con el casco de la bici puesto. ¿Qué tal la guardia?, me pregunta, mientras observa el arañazo que tiene en el cuadro de su flamante mountain bike.

-Pues ha sido bastante durilla, no hemos podido descansar ni un minuto.

-Oye, no me esperéis para comer, tomaré algo con las chicas del club tras la salida en bici.

Bueno, son sus hobbies, no puedo meterme con eso.

Entro a la cocina. Los platos de la cena no saben recorrer aún solos  el camino desde la mesa del comedor hasta el lavavajillas. Los niños están jugando y viendo la tele. Son las nueve de la mañana, y, por lo que veo, no han desayunado ni se han vestido.

En fin, queda todo el domingo por delante, así que habrá que aprovecharlo. Tras poner y tender dos lavadoras, hacer la comida, y bajar algunos metros el Everest que forma la montaña de ropa por planchar, pienso en que quizá esta tarde hagamos algún plan. Pero mi mujer llega muy cansada de la bici y tras ducharse se echa la siesta, frustrando mis planes. Aun así, miro los horarios de la cartelera y veo que aún tenemos un par de opciones de ir al cine. Pincho en hueso, Luisa me dice que ha quedado para ir a ver el fútbol al bar.

El lunes, tras la extraescolar, recojo a los niños a las seis y vamos a casa para que hagan los deberes. En una hora consigo acabar con la plancha y hago un par de consultas en internet para ayudarles a encontrar los datos que les faltan para el trabajo de ciencias.

Son las siete y cuarto cuando mi mujer llega a casa.

-Luisa, voy a ir con los vecinos al padel que han abierto nuevo en frente del supermercado. Tenemos partido a las 19:30.

-¿Cómo? Por favor, Paco, llego a casa muy cansada de trabajar y necesito desahogarme, he quedado para ir al gimnasio, no querrás ahora que encima me ocupe de los mellizos, este es mi momento de desahogo. Yo hago yoga hoy, sentencia categórica.

Por un momento quiero plantearle que hay una opción para que sólo se tenga que preocuparse de ellos una de cada dos semanas. “Yo hago yoga hoy”. Desde que se aficionó a los palíndromos, no entiendo nada.

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