La última cena

Las navidades se presentaban duras para aquel matrimonio de ancianos. El invierno había arrancado con temperaturas extremadamente frías, y a ello se sumaba que no tenían quien fuera a visitarles. Esto último siempre duele, pero más aún en estas fechas.

No habían podido tener hijos y habían emigrado a mediados de los años noventa desde alguna aldea de la extinta Yugoslavia. De toda su familia, sólo ellos habían podido sobrevivir a la guerra de los Balcanes.

Eran gente amable y trabajadora, y pronto conocieron gente en el barrio. Pero la verdad es que había pasado bastante tiempo y todo su círculo de entonces o bien había fallecido o estaba en alguna residencia debido a sus serios problemas de salud.

La mujer llevaba un tiempo bastante débil y ya no salía a la calle, pero el marido daba todos los días un pequeño paseo apoyado en su bastón. Las compras se las acercaban por mensajería.

La cena de Nochevieja fue sencilla: sopa de pescado y cerdo asado como plato de Navidad, cocinado de acuerdo a antiguas costumbres. También había algún trozo de turrón que ninguno de ellos podía ya siquiera mirar. Los dientes y la diabetes hacía tiempo que les habían privado de muchos de los pequeños placeres de la vida.

Al acabar, brindaron con champagne. En verdad, se levantó él y lanzó un brindis al aire, pues ella sólo podía mirarle desde su silla de ruedas con un rictus de sonrisa. Como todos los años en estas fechas, él escribió una lista con los deseos del año entrante y la metió en un sobre. Ella asintió, o eso parecía.

Varios días más tarde, un vecino alertó a la policía. Llevaba tiempo sin ver al anciano salir de casa a tirar la basura o a comprar el periódico, y el buzón de correos estaba lleno. Además, había una luz dentro de la casa que estaba encendida a todas horas. Todo parecía indicar que algo malo había pasado allí dentro.

Cuando los policías derribaron la puerta, encontraron dos bebés regordetes y sonrosados junto a un montón de pañales y biberones. Registraron toda la casa y no apareció nada extraño. Únicamente un sobre abierto en la mesa del comedor. Dentro, un folio en el que estaba escrita la siguiente frase: “Volver a empezar”.

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